jueves oct 18, 2007

Almacenamiento de cine

Acabo de regresar de un ciclo de encuentros con clientes del ámbito de la tecnología de las telecomunicaciones, los medios y la industria del entretenimiento (que, al fin y a la postre, están convergiendo hacia un mercado común: la rentabilización del consumo de productos). Me acompañaban varios miembros de Sun, entre los que se encontraba Greg, así como Jeff Bonwick, Bill Moore y Matt Ahrens, los creadores del sistema de archivos ZFS.

Las tres actividades mencionados experimentan un grave déficit en lo que respecta a la innovación, es decir, sus necesidades y oportunidades crecen más rápidamente de lo que lo hace el sector. O lo que es lo mismo: sus presupuestos de tecnología están creciendo.

Durante los encuentros surgieron anécdotas interesantes, de las que me gustaría comentarles dos en particular.

La primera la trajo a colación el director técnico de unos grandes estudios cinematográficos que explicó la importancia de los archivos de gran capacidad y a muy largo plazo.

Su compañía había recuperado recientemente de una mina de sal una película que llevaba allí almacenada, en sus tres negativos de color independientes, más de 50 años. Llegados a este punto, debo mencionar que la película de vinilo sobrevive a las idas y venidas de los estándares del sector (un tema al que ya me he referido anteriormente), y que la estabilidad ambiental de las minas de sal es mayor que la de los centros de datos. Así pues, recuperaron los tres negativos monocromáticos para remasterizar la película y estrenarla en DVD.

Como resultado del proceso, la resolución de la película ha aumentado, puesto que los medios en los que el espectador va a verla (un televisor de alta definición o la pantalla de un portátil, por ejemplo) cuentan con una nitidez mayor que los medios de que disponían los espectadores originales (es decir, una sala de cine o un televisor de los años 50). La película ha mejorado con el tiempo: los espectadores actuales la han visto con mayor calidad de imagen que los originales (lo que sugiere que se debe almacenar siempre los datos con la resolución más alta posible, aunque exceda la calidad de las pantallas actuales).

Tras el lanzamiento de la versión remasterizada digitalmente, el DVD se catapultó al octavo puesto en la lista de superventas de Amazon.

¿Gastos de producción? Casi nulos. La operación generó exclusivamente beneficios.

Y estos estudios cuentan con un fondo de unas 30 000 películas.

Una auténtica mina de oro, más que una mina de sal (si todos los títulos son igual de interesantes, algo que, si bien improbable, constituye un interesante ejercicio intelectual).

La segunda anécdota se refiere a la llegada de las cámaras digitales de muy alta resolución. Las que ofrecen prestaciones mejores y más tentadoras se conocen actualmente como "4K" y proporcionan una resolución de 4096 x 3112 píxels (!) por fotograma, o lo que es lo mismo, transferencias de cientos de megabytes por segundo en datos de vídeo.

El director de un largometraje insistió en conservar todo el metraje de una película que se estrenará próximamente. Esto incluía las tomas falsas y descartes varios, destinados a complementos y versiones alternativas de la película, del tipo "Cómo se hizo..." o "El montaje del director". El máster digital de una película 4K suele ocupar unos 9 Terabytes; se trata de la versión que se exhibirá en las salas.

Sin embargo, ya que los bits son mucho más baratos que el celuloide, ¿por qué no usar tres o cuatro cámaras para cada toma? Como resultado, al incluir multitud de tomas rodadas desde ángulos adicionales (además de las descartadas), el tamaño del archivo completo se dispara a nada más y nada menos que... un PETABYTE. Es decir, mil terabytes. O 500 000 iPods, como prefieran. Lo que equivale a unos 305 km de película de 35mm.

Una cantidad de datos descomunal. Datos que hay que archivar durante... bueno, volviendo a la primera anécdota, de aquí a la eternidad (al igual que los historiales médicos y los vídeos de seguridad de los aeropuertos). Y ahora ya saben cuál es una de las (muchas) motivaciones que inspiran un sistema de archivos desarrollado en Sun: el ZFS. El objetivo del equipo ZFS es lograr la mayor escala, sencillez y calidad del almacenamiento posibles (ya sea en Mac OS X como en BSD, Solaris o Linux).

He aquí una excelente introducción a ZFS, creada por Jeff y Bill, en la que se recoge la importancia de este sistema de ficheros en los sectores del entretenimiento y los medios audiovisuales, así como en cualquier otro ámbito en el que prime el almacenamiento de máxima calidad, gran escala y alta productividad.

Como me dijo Jeff (parafraseando a un ejecutivo de almacenamiento), solo hay dos tipos de unidades de disco en el mercado: las que han fallado y las que están a punto de hacerlo.

Y, como decía, ahora ya saben qué ha inspirado la creación de ZFS, y qué está haciendo que despierte tanto interés.

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