miércoles oct 24, 2007

Menos abrazar árboles y más abrazar clientes

(Actualización: entrevista con Dave Douglas, Vicepresidente de Responsabilidad Económicalógica de Sun, al fondo de esta entrada)

Como alguna gente sabe, me gusta cocinar. Una afición conveniente, si tenemos en cuenta que también me gusta comer. Un buen amigo mío me regaló el año pasado un espléndido libro de cocina: The French Laundry Cookbook, de Thomas Keller.

Se trata de un libro fascinante, pero tengo que admitir que solamente he preparado un plato del mismo: las recetas son elaboradas y llevan más tiempo del que suelo tener. De entrada, el autor deja bien claro que la gente como yo no entra en el perfil del público al que está destinada su obra. Así y todo, una de las cosas que me encantan del libro es la importancia que Keller concede a la eficacia, basándose tanto en el respeto por los ingredientes como en la economía aplicada a una cocina comercial. "¿Puede permitirse un cocinero cualquier tipo de despilfarro en alguna circunstancia?". Los grandes chefs y las grandes cocinas tienen como máxima que no se debe desperdiciar nada.

Eso sí, "desperdicio" es un término muy general. Significa una cosa para un consumidor frustrado por los 60 millones de botellas de plástico diarias que tiramos a la basura en EE.UU. Significa otra cosa distinta para una Directora de Inversiones que se acaba de percatar de que sus centros de datos están funcionando a un 10% de su rendimiento. A esos niveles, como en la cocina comercial, no se trata de un simple fastidio, sino de un gasto real. Un desperdicio de dinero.

Hará cosa de cinco años, hicimos una apuesta sencilla pero importante: que nuestros clientes acabarían mirando el gasto de sus centros de datos de forma mucho más escrupulosa. Apostamos que el coste de un ordenador llegaría a verse superado por el gasto necesario para hacerlo funcionar y que, por tanto, llegaría el momento en que centrarse en el gasto de energía resultaría rentable. Imagínese que la gasolina costase más que su coche (por cierto, el precio del barril de crudo ha alcanzado hoy los 86 dólares).

Hace unos 18 meses presentamos nuestro primer sistema de servidor de alta eficacia energética, conocido como Niagara 1 (el nombre es un guiño al caudal de procesamiento de datos del equipo). La presentación tuvo lugar en Londres, la ciudad del mundo con un mayor coste inmobiliario: el espacio es un artículo de lujo para la mayoría de nuestros clientes.

Pero tras años de I+D, aparecimos con un concepto desconcertante: rechazamos la velocidad a cualquier precio (una de las exigencias del sector) y optimizamos el sistema no en pos de una mayor velocidad, sino de una mayor eficacia, lo que reduce el gasto energético. Se trataba de crear un autobús en lugar de un coche de Fórmula 1 (el rendimiento por pasajero es mucho mayor en el primer caso). Del mismo modo, sugerimos que debería abandonarse la ejecución de una aplicación por máquina en favor de la concurrencia de varias tareas en la misma máquina. Esto, que en su tiempo se consideró una herejía, se conoce ahora con el nombre de virtualización.

Los amantes de los ordenadores de escritorio nos tomaron por tontos. Allí estábamos, con lo que parecía un chip lento, optimizado para una serie de cosas que no interesaban lo más mínimo a los usuarios domésticos: reducir la factura eléctrica, ejecutar varios sistemas operativos a la vez y ocupar el mínimo espacio posible. Y para complicar aún más las cosas, eliminamos del chip la unidad de coma flotante, con el fin de ahorrar más energía y espacio. Los usuarios de sistemas de escritorio (que suelen jugar a videojuegos con un uso intensivo de cálculos en coma flotante) creyeron que estábamos chalados, pero la mayoría de los centros de datos ni se enteraron, ya que es un sector en el que, salvo excepciones, el uso de la coma flotante es nulo.

¿Resultado neto? El beneficio correspondiente a los dos trimestres siguientes alcanzó los 100 millones de dólares por trimestre. En el último trimestre, 18 meses después de su aparición, los sistemas basados en el Niagara 1 generaban unas ganancias de casi mil millones de dólares anuales. Si bien no estaba orientado a todo tipo de aplicaciones (no trate de utilizar un Niagara 1 para simulaciones de fisión nuclear), se convirtió en una nueva referencia de rendimiento por vatio en lo que se refiere a cargas de trabajo en Internet (bases de datos y servidores Web y de aplicaciones).

¿Estábamos abrazando árboles? No se trataba de eso solamente. Estabamos abrazando a nuestros clientes. Unos clientes que se estaban quedando sin espacio libre y sin suministro energético, y que, al igual que los grandes chefs, no veían objeto en gastar sin ton ni son.

Así que, hace un par de semanas, presentamos la segunda generación de sistemas basados en Niagara, con el nombre de Niagara 2. Los sistemas Niagara 2 añaden una cantidad increíble de nuevas prestaciones y mejoras de rendimiento (aquí encontrarán un buen resumen).

Simplificamos el proceso de fabricación del chip e incrementamos la frecuencia de reloj para aumentar el rendimiento general. Duplicamos el número de hilos de proceso (8 núcleos x 8 hilos = 64 hilos) y, gracias a la virtualización xVM (anteriormente conocida como proyecto Virginia), un solo chip Niagara 2 puede englobar 64 sistemas operativos independientes en un único sistema. No se trata de 64 particiones de aplicación, sino de sistemas operativos independientes: desde Solaris y otros SO en tiempo real hasta Linux o BSD (y, que sepamos, nadie más puede hacerlo sin que el rendimiento se resienta enormemente).

Hemos añadido cifrado criptográfico (algoritmos empleados para cifrar y descifrar datos para almacenarlos o enviarlos por Internet de forma segura) en el propio microprocesador, de modo que los usuarios no tienen que gastar electricidad o espacio adicional en funciones de seguridad externas. Además, hemos añadido funciones de red en el chip (ethernet doble de 10 Gigabits), con lo que eliminamos todavía más gastos innecesarios. Niagara 2 no es un simple servidor, sino un sistema de pies a cabeza, que sigue el espíritu del equipo de Sistemas que lo ha presentado. Nuestros primeros sistemas Niagara 2 son igualmente fabulosos como soluciones para granjas de almacenamiento (con cifrado de alta velocidad por cable), así como para centralitas, cortafuegos, routers, y con la adición de coma flotante, se convierten en apabullantes sistemas de renderizado e informática de alto rendimiento.

Y en cargas de trabajo equivalentes, hemos disminuido el consumo de energía.

De nuevo ¿estamos abrazando árboles? Nada de eso. Estamos abrazando clientes. ¿Es algo que convierta a Sun en una empresa verde? Quizás no todavía, pero es un gran paso en la dirección correcta.

Por tanto, nuestras inversiones en ecorresponsabilidad están empezando a dar sus frutos, y las tendencias que encabezábamos hace un par de años (eficacia energética y virtualización) no han hecho sino aumentar su importancia. No para todo el mundo, por supuesto, sino solamente para aquellos interesados en reducir los despilfarros al mínimo. Si desea probar de forma gratuita un sistema Niagara 2, haga clic aquí.

Y por mucho que aprecie la columna de Kevin Maney, creo que está equivocado en este artículo de opinión en el que tacha la ecorresponsabilidad de simple moda pasajera. Una cosa es que un consumidor con tendencia al sobrepeso evite las dietas altas en carbohidratos. Pero se trata de algo totalmente distinto cuando hablamos de un gobierno que busca evitar la construcción de nuevas centrales termoeléctricas alimentadas con carbón, un alto ejecutivo consagrado a conseguir el máximo rendimiento o un empleado cuyo director general acaba de declarar que su empresa va a ser "neutra en carbono".

Siempre ha habido y siempre habrá una oportunidad comercial derivada de la eliminación de la ineficacia. Para dejar las cosas claras, se trata de nuestra motivación principal. Píntenlo del color que quieran.

La cuestión es que, si disminuimos nuestra huella de carbono, reducimos al mínimo nuestro flujo de gastos innecesarios y nos espabilamos en lo referente a nuestra responsabilidad social corporativa, ¿tendrán nuestros clientes un mayor interés en escogernos a nosotros? Rotundamente sí. Lo he visto en persona.

Además, influye en nuestra competitividad a la hora de contratar personal. ¿Se preocupan nuestros empleados actuales y potenciales por la eficacia energética y la responsabilidad social de nuestra empresa? Sí. Tanto o incluso más que los chefs de la cocina de Keller.

(Encontrarán la entrevista con Dave Douglas aquí: Dave encabeza la iniciativa orientada a reducir la generación de residuos y el impacto ambiental, tanto en Sun como entre nuestros clientes).

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