Mi álbum de familia y el ODF
Hace unos años me encontraba en casa de mis padres, mirando unas fotos de familia que guardan en una vieja caja de zapatos. Me lo estaba pasando en grande, hasta que se me ocurrió que la mayoría de aquellas fotos eran lo que en matemáticas se conoce como singletes. Copias únicas, vamos. Únicas en el mundo. Y de alguno de mis ancestros sólo teníamos dos o tres fotos. Rayos...
"Una caja de zapatos", pensé. Antediluviano, ¿no? ¿Y si hubiese una inundación o (Dios no lo quiera) se declarase un incendio? Se trata de fotos que quiero compartir con mi familia, y la idea es que pasen de generación en generación. Quiero que mis hijos conozcan su historia. Y sus hijos, y los hijos de sus hijos.
Así que hice lo que cualquier hijo de pro: convencí a mis padres de que me dejasen llevarme la caja, regresé a casa y escaneé las fotos (y devolví la caja, claro).
Ahora tenía las fotos escaneadas en mi disco duro. En mi portátil. En la cocina (mi portátil vive allí).
Y teniendo en cuenta los aconteceres diarios de la cocina de mi casa, se trata de un lugar bastante menos seguro que una caja de zapatos. ¿Antediluviano, dije antes? La primera en la frente...
Así que pasé las fotos a DVD, hice varias copias, las distribuí por casa y les di algunas a mis familiares. Baste decir que por algo la mayoría de los administradores aficionados de sistemas no son administradores profesionales: la mayoría de los DVD acabaron en paradero desconocido. La segunda en el plexo solar...
Menos mal que, como dijo alguien muy listo, "la red es el ordenador". Así que decidí subirlas a mi servicio de almacenamiento fotográfico en Internet. Si tienes que cuidar de una caja de zapatos, lo mejor es contratar a alguien que esté al cuidado de las cajas de zapatos de otra gente, ya que será, posiblemente, el mejor para desempeñar semejante tarea.
Y entonces pensé:
¿Quién me asegura que el servicio seguirá estando disponible, o que seré capaz de visualizar las imágenes allí almacenadas, no en cuestión de un año, sino de cinco o de cincuenta? ¿Y si las imágenes son más duraderas que la tecnología?
Con este trasfondo, podrán entender fácilmente al menos una de las motivaciones prácticas que impulsan la idea de algo llamado Open Document Format.
Imagínese que es usted un legislador que redacta una ley, o un doctor que registra el historial médico de un paciente, o un estudiante que escribe una novela, y que cinco o cincuenta años después, desea revisar sus documentos. Pero resulta que la compañía que creó la aplicación utilizada para plasmar esos textos, la empresa que creó el procesador de texto en cuestión, o bien ha desaparecido o ha decidido cobrarle 10 000 euros por una versión capaz de leer formatos de archivo antiguos. Cualquiera de las dos situaciones ilustra claramente el caso, y el caso es que la información siempre sobrevive a la tecnología.
¿Y qué hace usted?
Lo primero, poner el grito en el cielo. Al fin y al cabo, los datos que usted ha creado le pertenecen a usted y no al fabricante del software en cuestión. Volviendo al símil anterior, sería como si la compañía que fabrica la cámara le exigiera un pago a cambio de dejarle ver sus fotos de familia. Y ese es precisamente el peligro que plantean las aplicaciones que carecen de formatos libres de archivos. Recuerden: la información siempre sobrevive a la tecnología.
Y precisamente por ello decidimos unir fuerzas con algunas de las compañías más importantes del sector tecnológico y un grupo de gobiernos y organismos de todo el mundo con el fin de crear Open Document Format, o formato abierto de documento (también conocido como "ODF"). ODF constituye un formato abierto para información documental que es independiente de las aplicaciones utilizadas para crear documentos almacenados en dicho formato.
Lo que, en otras palabras, significa que si escribe una ley o un historial médico o un informe regulador en un procesador de texto que sea compatible con ODF a día de hoy, y necesita acceder a dicho documento en el futuro, tendrá total libertad para hacerlo según sus propias condiciones. Sin que ninguna compañía le ponga trabas. ODF es un verdadero estándar abierto adoptado e implantado por un gran número de compañías (desde IBM y Sun a Google, Red Hat y ahora incluso Microsoft), y utilizado en todo el planeta. Y no está sujeto a royalties.
La permanencia de la información y de los sistemas de archivos es una cuestión de excepcional importancia para aquellas empresas e instituciones con normativas de retención documental que exceden la vigencia del software utilizado para crear los documentos (y la de los empleados que los elaboraron), y garantiza la disponibilidad de la información a muy largo plazo. Lo mismo se puede decir de las fotografías de la caja de zapatos: como CIO de mi casa, quiero que mis imágenes me sobrevivan.
Y en caso de que no se haya fijado en el elemento de menú de la foto, estamos colaborando con Google para asegurar la interoperabilidad entre los documentos de Google office y los de OpenOffice, haciendo uso de ODF como mecanismo de intercambio. Como pueden observar en la captura de pantalla adjunta, cualquier documento creado en Google office puede exportarse sin ningún problema a OpenOffice (y el proceso inverso también será una realidad dentro de poco). Unidos, ambos productos permiten a empresas y particulares garantizar el acceso (a lo largo y ancho del planeta y generación tras generación) a leyes, contratos legales, historiales médicos, diarios y planes estratégicos. Y también a hojas de cálculo y presentaciones, por supuesto.
Finalmente, para quienes no conozcan OpenOffice, se trata de un paquete gratuito de ofimática que seguirá siendo gratuito siempre, tanto para empresas como para usuarios particulares. Aunque resulta imposible llevar la cuenta, hemos distribuido cientos de millones de copias en todo el mundo (puede descargarlo aquí). Y ahora que Microsoft ha anunciado que incluirá la compatibilidad con el formato ODF en sus productos, los usuarios de OpenOffice pueden tener la tranquilidad de que dicho paquete podrá integrarse en cualquier entorno, hogar u oficina, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo. Dentro de unas semanas, podrán descargar aquí mismo una extensión ODF que permitirá a Microsoft Word guardar y cargar ficheros ODF de forma predeterminada. Una vez instalado, el panel de opciones de Word tendrá la siguiente apariencia
(incluiré un puntero en cuanto la extensión esté disponible):
A partir de ese momento, ODF se convertirá en el formato predeterminado. Tanto si se trata de una empresa petrolera o de un estudiante de secundaria, ODF proporcionará una interoperabilidad perfecta entre entornos de software libre mientras exista el estándar, y no la tecnología o el producto.
Desde un punto de vista empresarial, esto hace posible también una migración muy natural en entidades especialmente grandes: el personal de las oficinas principales puede seguir utilizando Microsoft Word, pero el resto de la organización podrá recurrir a una alternativa interoperable (como el procesador de texto de Google, OpenOffice, o ambos). La asequibilidad y la interoperabilidad son algo bueno para Internet, y para las generaciones venideras que esperamos que lo utilicen.
Posted on 09:20PM feb 16, 2007 |


















