martes may 27, 2008

Transparencia y decisiones

No hace mucho, me reuní con el director general de una compañía de los medios de comunicación. Este ejecutivo me manifestó lo orgulloso que se sentía de la valiosa labor social que desempeñaba su empresa al informar al mundo a través de un concienzudo equipo internacional de periodistas laureados.

Seguidamente, me preguntó qué me hacía sentir orgulloso de pertenecer a Sun. Le respondí que, entre otras cosas, el cometido de nuestra compañía al garantizar que historias como la suya lleguen a publicarse. "Después de todo, sus periodistas se valen de nuestra tecnología para escribir y archivar sus crónicas, y desempeñamos un papel central en el modo en que éstas se hacen llegar al público mundial a través de la Red". Estoy orgulloso de la contribución de Sun a la hora de convertir el mundo en un lugar más abierto y transparente.

Más allá del periodismo profesional, la Red es una herramienta social para la ciudadanía mundial, cuyas cámaras digitales, teléfonos móviles, blogs y mensajes de correo electrónico forman una ola arrolladora de transparencia. Vivimos en un mundo en el que triunfos y catástrofes son visibles de forma instantánea. La luz del sol no es solamente un desinfectante excelente, sino también una estupenda red de seguridad: no se pueden solucionar los problemas de los que no se tiene noticia. Pero una vez que se sabe de un problema, incluso los esfuerzos más modestos para ayudar, amplificados a lo largo de la interminable antena de Internet, pueden cambiar la realidad de forma radical.

En los últimos días, el mundo ha visto cómo un seísmo llevaba la muerte y la desolación a cientos de miles de personas en China. La zona de la Bahía de San Francisco, en la que se asienta la sede central de Sun, ha sentido el impacto profundamente. Aparte de los compañeros de trabajo, amigos y familia afectados, hemos padecido en carne propia los devastadores efectos de los terremotos. El ciclón de Birmania despertó pensamientos parecidos entre los afectados por los huracanes de Nueva Orleáns.

Pero el mundo es un lugar cada vez más transparente, y cualquier contribución, sea de un dólar o de un millón de dólares, multiplicada a lo largo y ancho del planeta, cuenta.

Por esa razón voy a realizar un donativo de mi bolsillo a organizaciones humanitarias de mi confianza para ayudar a los damnificados.

Y les animo a que dediquen un momento a tomar una decisión similar.

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